
La cocina a medida: nuestra manera de proyectar
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Salitre, humedad y seis meses de casa cerrada. Lo que hemos aprendido sobre qué acabados sobreviven en la Marina Alta y cuáles dan problemas al segundo verano.
Una vivienda a doscientos metros del mar no se comporta como una vivienda a diez kilómetros tierra adentro. Es una obviedad que se olvida en cuanto se abre un catálogo, y es la causa de buena parte de las reparaciones que nos piden en casas reformadas hace tres o cuatro años por otros equipos.
El primero es el salitre. No hace falta estar en primera línea: el aire cargado de sal llega tierra adentro y ataca cualquier metal que no esté preparado. Herrajes, guías de cajón, perfilería de aluminio, tornillería de exterior. Un herraje estándar en una casa de Les Marines empieza a agarrotarse antes de dos años.
El segundo es la humedad relativa, que aquí se mantiene alta casi todo el año. Afecta a las maderas que no están bien estabilizadas y a cualquier tablero que no sea hidrófugo en zonas de agua.
El tercero, y el que menos se tiene en cuenta, es el uso estacional. Una segunda residencia pasa medio año cerrada, sin ventilación y con las persianas bajadas. Es el escenario perfecto para la condensación y para que aparezca moho en los puntos fríos de la envolvente.
Aquí un material no se elige por cómo se ve el día de la entrega, sino por cómo se va a ver el tercer verano.

Para encimeras y para revestimientos de zonas húmedas es lo más fiable que hemos usado. No absorbe, no le afecta el salitre y aguanta el calor directo sin marcarse.
Su punto débil es el canto: en formatos muy finos y con cantos vivos puede desconcharse con un golpe seco. Se resuelve con un canto recto de dos centímetros o con un ligero biselado.

La madera no está descartada, ni mucho menos. Lo que hay que exigir es que esté correctamente secada y estabilizada, y que el canto esté sellado en todas sus caras — también en la que no se ve.
En baños y cocinas, tablero hidrófugo siempre. La diferencia de precio frente al estándar es pequeña y es la que decide si un mueble dura quince años o cinco.
En herrajes, acero inoxidable de calidad marina en todo lo que esté a menos de un kilómetro de la costa, y guías de cajón con recubrimiento específico. Es una partida pequeña dentro del presupuesto total y es donde más barato sale evitarse un disgusto.


Los perfiles de aluminio lacado sin tratamiento específico para ambiente marino pierden el acabado en pocos años. Los tableros melaminados estándar en zonas de agua se hinchan por el canto en cuanto entra humedad. Los suelos de madera maciza sin climatización estable se mueven con los ciclos de humedad de una casa que se abre y se cierra. Y cualquier pintura de exterior que no sea específicamente transpirable acaba levantándose en las fachadas expuestas al sur.
Ninguna de estas cosas es mala en sí misma. Simplemente no son para aquí.
Antes de elegir un acabado hay que responder a dos preguntas: a qué distancia está la casa del mar, y cuántos meses al año va a estar habitada. Con esas dos respuestas, la lista de materiales viables se acorta mucho — y esa es exactamente la conversación que conviene tener antes de firmar un presupuesto, no después. Es parte de lo que revisamos en cualquier reforma integral que hacemos en la comarca.

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